viernes, 12 de febrero de 2016

La flecha de Cupido


Hace mucho tiempo en un remoto lugar habitó una malvada bruja que poseía un ojo mágico. Con él podía ver todo cuanto acontecía en el mundo.
Esta malévola señora se llamaba Maldad y necesitaba hacer  daño a los demás para sentirse bien con ella misma. Una de sus práctica favoritas consistía en separar a los enamorados. Odiaba el amor y todo lo que se relacionaba con él. Cada vez que descubría una pareja feliz sentía una terrible furia y trazaba un plan para lograr la separación.
Mientras tanto en otro lugar del planeta, cerca de la ciudad sin nombre, vivía una pareja formada por Alma y Darío, dos jóvenes que se amaban con ternura. Todos los días después de sus quehaceres, salían a dar un paseo por el campo y llegaban hasta el lago que bordeaba el pueblo, para darse un baño en él.
Maldad llevaba tiempo observando a través del ojo mágico la felicidad de los dos enamorados y la envidia ardía dentro de su negro corazón. Poco a poco una idea fue tomando forma en su cabeza, se disfrazaría de la más hermosa mujer, jamás vista ni soñada, para seducir a Darío con sus artes mágicas.
Y así la malvada bruja se transformó en una joven de belleza deslumbrante. De larga cabellera rubia como los rayos del sol y ojos claros, de un azul violeta, que brillaban deslumbrando incluso a las estrellas. Una vez que estuvo satisfecha con su aspecto se dirigió al lago donde todos los días se bañaban los dos enamorados. Allí esperó agazapada bajo unos juncos, hasta que hicieron su aparición.
Los dos jóvenes se acercaron a la orilla de las mansas aguas y tras darse un cálido beso, se dispusieron a introducirse en ellas. 
Fue entonces cuando Maldad se dejó ver en la parte derecha del lago, gritando con todas sus fuerzas y desesperación:
-¡Socorro, socorro... ayuda!. ¡Me ahogo, no se nadar!.
Darío sin pensarlo dos veces se tiró al agua y y nado rápidamente, hasta llegar a la altura de la  joven  que creía en apuros. Se acercó a ella, la tomó por debajo de los brazos y así nadó hasta conseguir llegar a la orilla.
Una vez en tierra firme Maldad lo miró con sus deslumbrantes ojos azul violeta y  sin mediar palabra rodeo el cuello del joven con sus brazos de alabastro, dándole un apasionado beso impregnado de la poción mágica que había fabricado con tanto esmero.
Al momento el muchacho quedó hechizado por la magia de la bruja. Mientras tanto Alma contemplaba la escena sin poder dar crédito a lo que sus ojos estaban viendo. Su amado estaba abrazado a aquella mujer desconocida. La joven creyó volverse loca de dolor. Empezó a correr para alejarse de aquel lugar. En lo más profundo de su corazón deseaba morir. Sabia que no podía vivir sin él.
Con los ojos nublados por las lágrimas no se percató de la piedra que había en el camino. Al pisarla perdió el equilibrio y rodó hasta las aguas del lago. Quedó inconsciente y a punto estuvo de perecer ahogada.
Al abrir los ojos sintió un agradable aroma a rosas frescas y a lirios mezclados con agua. Entonces contempló asombrada a un niño rubio de pelo rizado, que llevaba en una de las manos un arco con varias  flechas, mientras agitaba dos alitas que salían de sus sonrosados hombros. Alma inquieta y asustada por lo que estaba viendo preguntó:
-¿Quién eres tú?
El hermoso niño sonrió, dejando ver dos simpáticos hoyuelos en las mejillas:
-Soy Cupido, el dios de el amor. El responsable de todos los enamorados de este mundo.
Al oír estas palabras la muchacha no pudo contener los sollozos, mientras hablaba con voz desgarrada:
-Perdí mi amor. Me lo arrebataron.
El pequeño ángel hizo un gesto con las manos, como si aquello no tuviera importancia:
-Te equivocas, cuando uno a los enamorados con una de mis flechas, atravieso ambos corazones y eso no lo puede romper el hechizo de una bruja como la que has visto hoy.
La joven al escuchar estas palabras, preguntó asombrada:
-¿Es una bruja?
-Sí niña mía, ella es una bruja. Darío sólo te ama a ti, a pesar de que ella lo ha envenenado con una poción mágica.
-¿Y por qué ha hecho semejante maldad?- Preguntó enojada la muchacha.
-Porque odia a los enamorados. No soporta el amor entre ellos. Hace mucho tiempo ella también fue una  joven enamorada como tú, pero su amor la abandonó porque fue a parar a los brazos de la muerte. Desde entonces se convirtió en lo que has visto hoy, un ser de las sombras, con el corazón de hielo.
¿Y qué puedo hacer?- Preguntó Alma con la esperanza reflejada en sus bellos ojos.
-Sólo una cosa: Volver al lugar donde esta la bruja y el amor de tu vida. Cuando estés allí finge que no la ves, como si no existiera. Deja que tu corazón se llene otra vez de amor y confianza hacia tu amado. Sólo así romperás el hechizo y podrás salvar ese maravilloso sentimiento. La confianza y el amor sin medidas, ni barreras es la mejor pócima capaz de salvar cualquier obstáculo. 
Al escuchar estas palabras la muchacha casi gritó:
-¡Pero él la ama a ella!.
-¡Nooo, no la ama!. Sólo está hechizado por algo que cree que es amor y que en realidad no es nada, porque ni siquiera existe.
Después de estas palabras Cupido sacó una de sus flechas y la depósito en las manos de Alma diciendo:
-Toma esta flecha cuando él consiga verte y escuchar tu voz, cuando consiga distinguir tu imagen y lo mucho que le quieres, colócala cerca de la bruja y le háblale de  cuando ella era feliz con su amado, de cuando no necesitaba destruir a otros para sentirse bien.
Alma partió a toda prisa hacía el lugar donde Maldad tenía a Darío. Al llegar a la cabaña que la bruja había convertido en una bella mansión, traspasó el jardín, donde las culebras parecían rosas de todos los colores y los árboles eran diablos disfrazados con hojas muertas. Allí estaba Darío en los brazo de la maldita bruja, embelesado por su voz. Alma tuvo que hacer un gran esfuerzo para no llorar amargamente, pero se contuvo al recordar las palabras de Cupido:
-¡Nooo, no la ama!. Sólo está hechizado por algo que cree que es amor y que en realidad no es nada, porque ni siquiera existe.
Ese pensamiento le dio fuerzas para continuar. Lo primero que hizo fue sentarse al lado del joven, mientras la bruja con voz colérica le gritaba:
-¡Maldita entrometida!. ¿Qué haces aquí?. ¿No ves que él ya no te ama?
Alma siguió como si no escuchara ni viera nada. Se acercó al Darío y le dio un beso en una de las mejillas. Después entonó una canción,  aquella que siempre cantaban los dos juntos, cuando salían de paseo:
Mi amor es para ti... tú amor es para mi
amor, amor, nos une, nos envuelve....
el más bello sentimiento...
Como por arte de magia el muchacho volvió la mirada hacia ella con los ojos soñolientos. Era como si tratará de recordar algo muy lejano. Con un susurro preguntó:
-¿La conozco señorita?. Su voz me resulta familiar.
Alma conteniendo las lágrimas se fue acercando poco a poco a él cantando:
-Mi amor es para ti... tú amor es para mi
amor, amor, nos une, nos envuelve....
el más bello sentimiento...
La malvada bruja al darse cuenta de que el muchacho intentaba recordar, se abalanzó sobre la joven con la intención de hundirle una espada en el corazón, pero la joven la esquivó rápidamente y depositó sobre el suelo la flecha que Cupido le había dado, mientras se dirigía a ella con voz firme:
-¿Recuerdas cuando tú también podías sentir amor y el beso de la muerte te arrebató lo que más querías?
Al escuchar estas palabras Maldad profirió un desgarrador grito:
-¡Nooo, no quiero recordar, me duele el corazón demasiado!
La bruja no podía apartar la mirada de la flecha de Cupido: Su belleza lentamente fue desparecido hasta recuperar el aspecto que tenía antes del encantamiento.
Por su parte la muchacha seguía tarareando la bella canción:
-Mi amor es para ti... tú amor es para mi
amor, amor, nos une, nos envuelve.... el más bello sentimiento... 
-La bruja acabó derrumbada sobre el suelo, asfixiada por su propio corazón, por su propia maldad, hasta desaparecer por completo en una especie de negra neblina. Alma abrazó muy fuerte a Darío y lo besó con ternura. Al sentir los labios de su amada el muchacho abrió los ojos y susurró:
Alma mi amor...¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos?

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miércoles, 10 de febrero de 2016

Pensamientos de una flor


En el brocal de una fuente
hablaban dos flores,
iguales y diferentes. 
Una rosa de belleza exquisita, 
la otra una humilde margarita.
Habló la rosa altanera
a la tierna compañera:
-Mira que pequeña eres, 
que vulgar, que agreste,
en nada a mi te pareces".
La margarita, 
desde el sencillo tallo,
con aroma a verde y a campo,
que todo lo llena, le respondió:
-Mi hermosa amiga has de saber 
que en esta vida de prestado vivimos
y que sólo se viene a aprender,
de nada te va a servir tus pétalos tan finos,
ni tu aroma de cristal, ni tu porte coralino.
Te guste o no, unidas estamos las dos
en la misma creación y unidas estaremos
cuando el Universo cumpla con su función.
La bella rosa avergonzada ante la gran lección,
agacha su hermosura y habla con quebrada voz:
Perdóname amiga mía, quizás en otro tiempo
una margarita fui y ya se me olvidó. 

"Cada nuevo amanecer,
cada minuto,
cada segundo,
es un regalo de la vida"
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lunes, 8 de febrero de 2016

Hada de las nieves y cascadas

En la montaña cubiertas de nieve,
cuando los copos fríos danzan y bailan
y tejen bellos encajes entre espinas y ramas.
En la cumbre nevada, en la cima más alta,
entre campanuelas  lilas y moradas,
 habita el hada que custodia las cascadas,
de cabellera albina, casi plateada
y bellos ojos cristalinos de agua helada.
Dicen que en las noches de luna llena,
cuando la luz sobre el hielo es reflejada
ella toca una extraña y antigua arpa
y canta en un susurro la canción más 
hermosa, la canción jamás escuchada.
Entonces todas las flores alpinas 
se abren para contemplarla.
Sus alas transparentes de hielo,
aletean al llegar la madrugada
y a través del cristal de tu ventana
aparecen los primeros copos de nieve,
que ella desprende, que ella te regala.
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miércoles, 3 de febrero de 2016

Los lápices mágicos



En una pequeña aldea entre las montañas, vivía una niña llamada Lis. Acostumbraba a jugar por el campo acompañada de su perrita Meli. Un precioso animal de pelo blanco y rizado, semejante a un pequeño corderito. Todas las tardes después del colegio iba a un lugar llamado las Zarzas, donde se alzaba un pequeño torreón ruinoso rodeado de grandes plantas espinosas y una pequeña laguna.
Aquel día Lis se encontraba cortando algunos lirios y flores silvestres para el jarrón que mamá tenía en el comedor, cuando escucho una voz que la llamaba:
-Lis, niña estoy aquíííí....
La niña miró a su alrededor sin poder descubrir de quien se trataba. A los pocos  minutos volvió a sonar de nuevo la voz. Entonces pudo ver de donde provenía. De una de la ventanas del torreón ruinoso. Allí asomaba una niña de cabellos tan rubios, que al incidir sobre ellos los rayos de sol se convertían en níveos.
En un principio sintió miedo, pero la curiosidad pudo más y poco a poco se fue acercado al lugar. La extraña figura seguía llamándola y haciéndole señas con las manos.
Lis entro en el viejo torreón. Subió los peldaños, que crujían bajo sus pequeños pies y así llegó hasta a un largo y estrecho pasillo. Entonces contemplo a la dueña de la vocecita. Poseía una larga cabellera. Tanto que arrastraba por el suelo y cubría sus diminutos pies. Los ojos eran de un azul casi cristalino. Curiosamente las orejas acababan en punta y la nariz también. Mientras dos alas casi transparentes aleteaban suavemente haciendo resplandecer todo su cuerpo.
-¿Quién eres? Preguntó Lis sorprendida.
-Soy el hada de la ilusión y la fantasía. Contestó la vocesita, sin abrir los pequeños labios.
Lis la miraba con curiosidad. Había leído muchos cuentos de hadas y le fascinaban.
-¿Quieres jugar conmigo?. Hace siglos que ningún mortal puede verme ni escuchar mi voz. Sólo tú has conseguido despertar la magia. Por eso puedo mostrarme ante ti.
Lis volvío a mirar los transparentes ojos. Ahora iluminados por la ilusión.
-¿Por qué estás aquí?. Las hadas siempre están en los cuentos de magia y fantasía.
La pequeña hada contempló a la  niña muy triste:
-Hace muchos años un mago negro me encerró en este lugar. Hizo un encantamiento para que jamás pudiera escapar. Sólo conseguiría liberarme alguien que pudiera cree lo suficiente en mis palabras y estuviera dispuesto a jugar conmigo. De los pocos adultos y niños que pasaron por estos parajes, jamás ninguno de ellos pudo escuchar mi voz. No podían sentir la fantasía y la ilusión en sus corazones. Sus almas no estaban preparadas para contemplar mi presencia.
Lis sintió sintió una gran compasión por la pequeña hadita, al comprender lo sola que había estado durante todo ese tiempo. Con mucha ternura la tomó de las manos y le dijo:
-Ya no estarás nunca más sola. Desde hoy todos los días jugarás conmigo.
La niña y el hada jugaron a muchos juegos diferentes. El hada tenía fantásticos juguetes que hacían las delicias de Lis. Pequeñas muñecas que hablaban, lloraban y reían como los humanos. Caballitos que surcaban el cielo con sus alas multicolor y sobrevolaban la laguna entre las risas y cantos de las dos amigas. Una cocinita mágicas que cocinaba de verdad, donde todos los días preparaban la fantástica merienda de galletas y chocolate.
Así fueron pasando los días y el torreón en ruinas se convirtió en un lugar maravilloso, lleno de luz, ternura, magia y fantasía.
Una tarde el hada se sentó en una de las sillas de juguete e invito a Lis a hacer lo mismo.
-Quiero darte las gracias por tu bondad pequeña amiga. Me has hecho muy feliz. Has conseguido transformar mi cautiverio y devolverme los poderes que el Mago negro me arrebató hace tanto tiempo. Ahora amiga mía debo marchar al País donde pertenezco. Allí están todas las hadas. Debo contribuir junto con mis compañeras a que siga existiendo la ilusión y la fantasía entre los humanos.
Lis se puso muy triste al escuchar estas palabras y las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas:
-¿No te volveré a ver más?. Te voy a echar mucho de menos.-Susurró entre lágrimas.
El hada la rodeo con sus alitas, abrazándola tiernamente.
-No llores mi pequeña niña. Me veras siempre que tu quieras. procura que nunca muera la ilusión y la fantasía en tu corazón. De esta forma yo nunca moriré y siempre estaré a tu lado.
Después de estas palabras tomó una caja de lápices de colores, que desprendían un maravilloso olor a frambuesa y la entrego a la niña diciéndole:
-Este es mi regalo para ti. Estos lápices llevan la magia de tu corazón. Con ellos cualquier cosa que dibujes se convertirá en realidad. Siempre que lo necesites puedes usarlos. Utilízalos siempre desde la bondad de tu corazón. Si alguna vez los emplearas de otra forma, la magia desaparecería y se convertirían en una caja de lápices como los demás.
Y así el  hada de la fantasía y la ilusión marchó de aquel lugar para volver al País donde todas las hadas vuelan sobre flores maravillosas jamás contempladas por ojos mortales. Las que deprenden la magia y la ilusión que llega hasta el mundo de los humanos.
Lis guardó siempre la caja de colores mágicos. Este fue el legado que pasó de generación en generación entre sus descendientes. Lo que ocurrió con aquella caja de colores es otra historia que formará parte de otro cuento.
No olvides tener siempre ilusión y llevar la fantasía dentro del alma, para que el hada pueda vivir en tus sueños y en tu vida. Deja que el niño que llevas dentro juegue libre y feliz. Déjalo soñar.

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lunes, 1 de febrero de 2016

Dos puntos tan distantes, tan cercanos.


Llora el recién nacido al respirar el primer soplo de vida,

entre suspiros de  agonía marcha otro ser de esta vida.
Dos puntos tan distantes y cercanos, que se tocan entre sí, 
vida y muerte en un momento, en un instante tan sutil.
La luna se viste de plata y seda negra, 
para asistir al teatro de la vida sin entrada ni etiqueta.
Los rayos que pasan por tu ventana celebran tu nacimiento,
en otro día como éste despedirán tu vida, sin pena ni lamentos.
Los recuerdos son como el humo que se escapa a bocanadas,
recordando al muchacho que  por la vida corría y jugaba,
 al joven que alegre rondaba tu ventana y te esperaba,
con el pecho agitado por la vida y la pasión, 
el que hoy tienes cruzado de arrugas el corazón.
El te mira desde el otro lado de la mesa, 
 las pupilas cansadas por el tiempo y los espacios,
tú quisieras regalarle de nuevo aquellos días del pasado,
pero el tiempo siempre es tiempo y la vida reloj de arena, 
sin pausa sin prisa, gota a gota, la vida se desliza
y la sangre se vuelve perezosa en las venas y hasta el corazón
tose de cansancio, de recuerdos, de nostalgias, por la pena.
¡Cuantos momentos el alma alberga!.
 Marchamos de esta vida como vinimos a ella,
sin nada, sin maletas.
¿Por qué tanto afán?. 
¿Por qué tanta avaricia?, 
sin en realidad nada te llevas.
Sólo el alma para el creyente, tiene eterna existencia.
Se queda atrás el túnel del nacimiento, 
la salida a la luz del mundo y a la vida nueva.
Ahora el túnel nos conduce a otra realidad, a otra luz,
a otra existencia.
Donde no necesitamos nada de este mundo,
la carne aquí se queda, junto con toda la materia.
Toma los rayos de tu alma, luz pura que ciega, 
déjate llevar, hacia la existencia nueva.
 Ya no eres carne, sólo energía, luz,
aprendizaje, experiencia, sólo eso queda.

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