domingo, 23 de marzo de 2014

CUENTO DE PRIMAVERA-La abeja zum y el rosal

El cielo había amanecido  azul porcelana. En el aire flotaba un fresco aroma a hierbabuena y azahar. El jardín se desperezaba bajo la mañana de terciopelo primaveral.En el ambiente se podía oír un suave zumbido: zummm ...zummm 
El zumm se repetía una y otra vez entre las adelfas. Se trataba de una pequeña abeja un tanto peculiar  y digo peculiar porque era sumamente delicada en sus modales. No era como las demás compañeras de la colmena que se lanzaban sobre las flores sin importarles si estas querían ser libadas o no. La abeja zum que así la apodaban por su peculiar sonido  al volar, como una bella melodía, era extraordinariamente educada. Aquella mañana se acerco poco a poco revoloteando  a la rosa más hermosa del jardín. Lucía esplendorosa aún cubierta por algunas gotas de rocío. Los pétalos asemejaban el más delicado cristal rojo y desprendían un maravilloso aroma codiciado por todas las abejas del lugar. Zum había oído terribles historias del rosal. Decían que cuando algún intruso osaba acercarse a una de sus rosas desplegaba largas espinas y le atravesaba el corazón. Zum nunca fue una abeja mal educada. Ella siempre pedía permiso antes de tomar algo, por mucho que deseara hacerlo. Aleteando cerca de la rosa que se hallaba más alta, saludo con cortesía:
-¡Hola me llamo zum! Vivo en una colmena cerca de aquí. He visto tanta belleza en vuestros pétalos que he quedado deslumbrada. Me preguntaba si me permitiría tomar un poquito de néctar para alimentar a mis crías, prometo hacerlo con delicadeza.
La rosa orgullosa al escuchar las palabras, estiro el tallo consciente de su belleza:
-Gracias por sus halagos zum, por mi no hay inconveniente, pero no se  si mis compañeras estarán de acuerdo con la petición. Además usted ha de pedir permiso, antes de  hacer cualquier cosa, a nuestro padre el rosal, él siempre cuida de nosotras para que nada nos ocurra.
Zum conocedora del esmero con que papá rosal cuidaba a sus hijas no dudó  en volver a pedir permiso de nuevo:
-¿Señor rosal sería usted tan amable de dejarme tomar un poquito de néctar para mis crías?.
Prometo no dañar a sus hermosas hijas y cumplir con mi misión de polinizar con esmero y responsabilidad.
El  rosal aunque era bastante gruñón y no le hacía gracia que nadie se acercara a sus rosas, quedó maravillado ante los modales y educación de zum:
-Me sorprende que me pida permiso señora zum. Sus compañeras cuando vienen se lanzan sobre mi familia como si todo el jardín les perteneciera. Después van diciendo que soy un ogro y que no permito que nadie se acerque a mis hijas, pero en realidad las mal educadas son ellas, por eso siempre que vienen saco mis espinas mas largas y afiladas.
Por supuesto que usted puede tomar todo el néctar que quiera ¡faltaría más!.
La cara de zum se entristeció al escuchar las palabras del señor rosal y las alitas se le tiñeron de rojo por la vergüenza, ante el comportamiento de sus compañeras:
-Le pido disculpas señor rosal a usted y a sus hijas. Siento mucho que se hayan comportado así. Cuando vuelva a la colmena les informaré de su mal comportamiento y de sus quejas.
Y zum... pletórica de felicidad por el permiso concedido libo y libo hasta tener suficiente néctar para alimentar a su pequeños hijos. Después se despidió del señor rosal y de sus hermosas hijas, no si antes darle las gracias por haberle permitido acceder a tan delicioso alimento.

Moraleja: "La cortesía y educación ablanda hasta el más duro corazón".



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2 comentarios:

  1. ¡Qué hermoso! y qué buena lección nos deja, el mundo marchara mejor si nos hacemos conscientes del rol de la cortesía en nuestras vidas, lo que nos hace más civilizados e incluso es el primer paso hacia el altruismo.
    Saludos.

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  2. Muchas gracias Lú por tu visita y comentario. Sí llevas razón, éste cuanto lo escribí pensando en los más pequeños, pero creo que se puede aplicar también en la vida cotidiana. Feliz fin de semana.

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